martes, 22 de abril de 2014

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BOLETÍN CONMEMORATIVO: 5 AÑOS DE VIDA


SEMILLERO DE INVESTIGACIÓN





“(…) por eso, junto a una biología del cuerpo, podemos hablar de una creación poética del mismo, de un cuerpo escrito, de un cuerpo capaz de ser interpretado”

Bárcena y Mélich




  
ENTRADA EDITORIAL


Hablar de semilleros de investigación implica aducir figuras o agrupaciones de constitución fundamentalmente estudiantil. Colectivos, centro de discusiones acuciosas entre dos o más estudiantes, que han adquirido un digno reconocimiento en sus justas exigencias por una formación íntegra y profesional, que aporten a las problemáticas sociales del país. Su fundación nace del reclamo por una educación científica y de calidad en el seno de los debates generados por las nuevas generaciones del conocimiento. Un semillero de investigación, formado en su mayoría por alumnos (jóvenes) constituye un nuevo modelo de enseñanza-aprendizaje. Se conciben como un espacio para ejercer la libertad y la crítica académica, la creatividad y la innovación. Un semillero no solo genera conocimiento para el mejoramiento de los sistemas, sino que transfiere y capacita sus integrantes para el desarrollo del pensamiento.1  Jóvenes obreros de la ciencia que bajo el rigor de sus propias dinámicas, construyen  innovadoras formas de apropiar, pero también de aplicar teorías de todo tipo sin importar su etiqueta, en un mundo que se presenta cada vez más inhumano ante la necesidad de propuestas constructivas en donde la investigación y sus aportes vayan de la mano con la gente.
  
Nuestro semillero, el Semillero de Investigación “Hermenéutica Corporal” no difiere en lo absoluto de este concepto, su propósito basado en el estudio de las nuevas interpretaciones de la realidad, del cuerpo, del mundo, es tan solo un pequeñísimo aporte al área disciplinar, pero también al campo de las ciencias humanas. Hablar del cuerpo desde aquellas –blandas- áreas de lo cotidiano, es también abordar la cientificidad que propone un cuerpo, no más que un cuerpo, sensible ante una mirada objetivadora.

Nos aventuramos en este camino porque nuestra condición de jóvenes así lo supone, no obstante hay otros motivantes. Más allá de la mirada acaparadora de la anatomo-fisiología, compartimos la noción antropológica que plantea la juventud como una construcción social y cultural relativa en el tiempo y el espacio (Feixa 1993b, 1998b; Bourdieu 1990), el contexto y la coyuntura nacional, así como institucional, nos condujo, y también debido a elementos propios de la crítica universitaria, a fijar la atención en ciertas y complejas decadencias que venían afectando el curso estudiantil; el desarrollo académico y personal de aquel sujeto que pasaba por la Universidad, por la licenciatura en educación física, sin que fuera significativamente perturbado ni por los agentes de la educación, ni por sí mismo. Sin que formara un espíritu capaz de reflexionar y transformar paradigmas a través de posturas críticas y propositivas. 



MARCHA ESTUDIANTIL 1 DE MAYO


Iniciamos así, pero no se pretende describir una línea cronológica sobre nuestra aventura. Consideramos, así como Nietzsche en su genial obra La Segunda Consideración Intempestiva, la historia como una discontinuidad. La historia de nuestro semillero esta en los pequeños hechos, en las pequeñas luchas que es, en última instancia, una multiplicidad de hechos.2 Nuestras vivencias, aquellos escenarios en donde el cuerpo es repensado y puesto a consideración de la interpretación, aquel eje a través del cual se replantea el mundo y nos concebimos a sí mismos, son también experiencias en su más alto valor. Estudios académicos reflejados a partir de proyectos de investigación, sinnúmero de participaciones en el marco de eventos científicos del orden nacional e internacional, discusiones argumentadas en torno a lecturas o textos acordados, reflexiones suscitadas a través de material audiovisual del Cine-Club “Leib”,3 así como variadas actividades que ponen al día el cumplimiento de la responsabilidad social del sujeto hermeneuta con el medio que le rodea, son algunas de las labores que desarrollamos y hacen parte inexcusable de la transversalidad funcional de nuestro terruño. 

Transcurridos 5 años, nuestro semillero se constituye en el punto de encuentro entre ideales y realidades. La formación de un espíritu crítico deriva en la necesidad de implantar semillas dubitativas. No somos porque estamos, sino somos porque vivimos; dicha condición exhorta por naturaleza una permanente inquietud, una zozobra que raya en actitudes de vacío intelectual y, entonces, de búsqueda permanente.



CINE-CLUB “LEIB”


Podríamos ahondar en el mundo del sentimiento, de la nostalgia, de la felicidad, del orgullo…  A la par de ello, dedicamos estas líneas en honor a lo vivido y a lo que resta por sentir!



MÁS DE CINCO AÑOS CONSTRUYENDO SUJETO
Camilo Pardo


No entendía bien la razón por la cual me interesaban las ideas que se compartían y prevalecían en el espacio que se daba para el semillero, a lo mejor era extrañeza y curiosidad por sobre el interés con que peregrinamente todos sus asistentes iban de alguna manera a pensarse. No dejaba de resultarme original que se exaltaran ciertos ideales, ciertos paradigmas y que comenzaran a perfilarse algunos autores como de obligada recurrencia. Mientras algunos leían a Marx, al Che, a Galeano o Planella, empezaba a leer el Zaratustra, ese libro laberíntico del que pasados cinco años aún no he superado. Y fue a partir de allí, en ese debate de intereses, donde se comenzó a considerar más seriamente un horizonte epistemológico proclive a mi naturaleza estética, a veces, presa del placer por leer y en ocasiones enredada en dudas y tensiones propias a un espíritu convulso. Y empezaba allí el debate, un argumento desafiaba, otro imponía novedad, y con bastante frecuencia había una sensación de aporía, pero también una especie de concordato: dedicar momentos extracurriculares a investigar un poco más aquellos temas que ya venían instalándose con entusiasmo en el grupo.

Fue así como se establecieron compromisos, consignas, actitudes, esfuerzos, que interrogaban lo que se venía aprendiendo curricularmente y que obsesionaban por conocer eso de que se hablaba en los libros con tanta maravilla. Pero no siempre se iba con mente clara, a veces se era más amigo de la dificultad, de la sombra, del fracaso. Sin embargo, había una atractivo insolente, pertinaz, indestructible, una abundante dosis de curiosidad que obligaba a exiliarse nuevamente en ese espacio alternativo, inclasificable, excéntrico, inseguro, para avanzar sin saber hacia dónde, ni hacia qué, sólo, tal vez, para ir a contracorriente. En ese entonces no se vaticinaba las nuevas facetas que se iban a asumir, ni las nuevas disposiciones a las que se vería confrontado el semillero. Se fue adquiriendo un carácter y una sensibilidad especial, capaz de brindar el talento necesario para degustar actividades intelectuales como una experiencia sui generis. Se pasó sencillamente de la educación física como mero activismo, a una posibilidad de movilizar sentidos, significados, signos que garantizaban una expresión más profunda y enérgica de una región del conocimiento hasta hace poco examinada únicamente desde el plano de las ciencias positivas. De modo que cada una de las voces del semillero se fue orientando por cierto horizonte de interrogación, algunos llegaron a ser más radicales hasta asumir una suerte de monismo en el que afirmaban su condición humana y completaban el súmmum de sus preocupaciones; otros, en cambio, seguían siendo escarnecidos por los terribles laberintos que ocultaba su existencia y no saciaban sus sospechas en convicciones ni revelaciones sino que aún pesaba (pesa) sobre ellos la carga del escepticismo. Es difícil explicar esa inclinación, esa tendencia, ese comenzar de nuevo que se gestó en cada una de las conciencias de los que participaban de aquellas sesiones.

Pero todo lo allí ocurrido era objeto de análisis hermenéutico, por ejemplo, el concepto “cuerpo” de quien Fili y Elkin procuraron desentrañar, o preguntas de orden fenomenológico relativas a cómo es el hombre o si la educación física era ciencia o disciplina. A lo sumo, era una colección de dudas, frente a las cuales se intentaba brindar argumentos y no meras opiniones, asunto del cual difícilmente se escapaba. Y fue justamente esos atributos de curiosidad, esos simulacros investigativos, los que permitieron penetrar mucho más en nuestra naturaleza, en nuestro carácter, en el sí mismo, en el Otro, aunque sin comprender el significado y el rol de nuestra existencia como personas, semillantes y más aún como futuros licenciados. Sin embargo, seguían abriéndose textos hacia conceptos que depositaban diferentes lógicas, planteamientos de tipo estético, científico, jurídico, filosófico, socio-antropológico, psiquiátrico…, que fundamentaban y estructuraban ideas conforme a una racionalidad y eventualmente postulaban hipótesis sobre las temas-excusa que se iban discutiendo en las sesiones. Había una especie de mancomunidad entre inteligencia e imaginación que dictaba en buena parte la historia y los planes del semillero y servía de vademécum en la interpretación del mundo, de la realidad (concepto este tan escurridizo). Realidad sensible, realidad (in)inteligible, realidad corporal, aceptación o rechazo de lo que somos como común denominador de las sesiones. Algunos, muy conversos, se resistían a cambiar la visión preconcebida del mundo, sus esquemas no admitían cambios demasiado bruscos, demasiado aparatosos, otros, iban incorporando en sus conciencias el impacto de revoluciones a infraescala, de esas que suelen ocurrir cuando uno se ve realmente conmocionado, sugestionado por una idea que aunque le supere lo conmueve. Y ese arribo de nuevos intereses teóricos y simbólicos guiaban, como se mencionó, el quehacer, el exilio, la convivencia de los semillantes, la mayoría de las veces a merced de los sentidos dados a priori o de los que se pudiera darle a la existencia hecha carne.


MARCHA ESTUDIANTIL EN FAVOR DE LA UNIVERSIDAD PÚBLICA


Esto enriqueció nuestra humana condición y posibilitó la exploración de problemáticas en el campo de la educación física, impulsando valores emergentes que ponían en escena una perspectiva, una naturaleza singular, una cultura corporal. No obstante, también hubo (hay) discordia en el plano ético frente a creencias de alto raigambre social que supeditan el cuerpo al alma antes que dar cabida a un pensamiento corporante que asuma dicha actividad como un acontecimiento vital cargado de una sensibilidad particular, de una atmósfera trans-subjetiva llena de capital contrahegemónico. Lo importante de esto es la reorganización que se asumió como colectivo, frente a la reaprehensión de todo el potencial humano. Se fue gestionando una postura, una política, un horizonte teórico, un contenido poético y dramático totalmente otro, más plástico y permeable. Pensamientos tangibles e intangibles que de a poco iban reconciliando puntos de vista, acercando conceptos, ideologías, racionalidades e intrincando esos impulsos intelectuales hacia una dimensión si se quiere espiritual de la realidad. Esas pulsiones despertaban la capacidad humana de maravillarse frente al mundo o hacia alguna cosa, incluso de espiritualizar el cuerpo o materializar el alma, asunto en el que el semillero en ocasiones se tornaba bastante esotérico, incógnito, una Iglesia más. Pero justamente ello me resulta sublime, pues esos impulsos hacia lo místico, hacia lo narrativo, lo explorativo, reivindicaba penas y luchas y disponía mi voluntad hacia nuevas ambiciones, hacia la heterodoxa realidad humana, privilegiada por no poder encorsetarse, ni reducirse a tal o cual paradigma. En el fondo, el semillero representó, a mis ojos, una experiencia religiosa, creativa, alteró consciencias, provocó fenómenos paranormales, exaltó distintas filosofías de vida, posibles otros sentidos, desafió con algunas respuestas eternas preguntas, posibilitó elegir y ejercer el camino de la dificultad, “remedar” la ciencia, consolidar un ambiente de libertad moral y subjetiva. 


TRABAJO AMBIENTAL: REFORESTACIÓN


Por ese motivo, más que hablar de un método de estudio para albergar la incontenible realidad humana, se habla de una armonía laboral que busca hibridar aspectos racionales con míticos, de modo que no se reste poderío a la vida, no se la estreche ni compartimente, sino que se exponga, en una visión compleja el gozo, la plenitud, la experiencia del vivir, con letras ingeniosas y suficientes como para trazar con mayor fluidez lo que significa ser humano.



PENSAMIENTO Y REFLEXIÓN, LIBERTAD U OBLIGATORIEDAD: RELACIÓN ENTRE LA AUTONOMÍA Y LA TRANSFORMACIÓN DEL CONOCIMIENTO
Jefferson Uribe


“Cuerpo, recuerda no solamente cuánto fuiste amado, no solamente las camas en que te tendiste, sino también aquellos deseos de ti que brillaban en los ojos claramente, temblaban en la voz —y que algún obstáculo fortuito hizo vanos. Ahora que todo ya es parte del pasado, casi parece casi como si a aquellos deseos te hubieses entregado, cómo brillaban, recuerda, en los ojos que te miraban, cómo temblaban en la voz, por ti, recuerda, cuerpo”.

C. P. Cavafy
(Alejandría, 1863-1933)


Tal vez muchos se preguntaran ¿qué es un semillero de investigación? Y aunque teóricamente existen muchas investigaciones sobre éste, algo verídico es poder interpretar y darle su propia concepción. Hoy en día estar e involucrarse en un semillero de investigación, es convertirse en una semilla, una semilla que pide a gritos poder nacer o renacer dentro de un contexto educativo, buscando o reflexionando sobre la necesidad de estimular una actitud abierta y crítica para conocer, experimentar, investigar y transformar sus prácticas cotidianas y así lograr resultados satisfactorios para el desarrollo integral propio y colectivo; incluyendo en éste claro, el fortalecimiento de nuestros procesos cognitivos, comunicativos, afectivos y sociales o como le definiría Moliner (1995: 1052):


Etimológicamente, la palabra semillero (de semilla) significa un sitio donde se siembran y crían plantas para trasplantarlas luego. Es una colección de semillas. Semilla (del latín arcaico seminia, semi-nium) se relaciona con el latín semen-inis. Formación que existe en el interior del fruto de la mayoría de las plantas, que puesta en condiciones adecuadas, es capaz de germinar y producir otras plantas de la misma especie.

Pensar en la autonomía académica por parte del estudiante universitario, es algo vago y no bien orientado en nuestra comunidad universitaria, “la universalidad del conocimiento” como es denominada la Universidad, no es realmente como se postula, entrañando en el no fomento, orientación y estimulo por parte de los maestros, hacia sus estudiantes, principalmente en temas como: la importancia que tiene la investigación para su futuro académico, preguntarse ¿cuál es el papel que desempeña como estudiante de su programa, su universidad y la sociedad?  Y aunque se encuentren excepciones, son mediatamente mínimas, ambiguas y se asemejan a lo que es el reflejo de nuestra Universidad de los Llanos en Investigación.


Soy un estudiante que actualmente finalicé mi proceso académico “curricular” y encontraba o analizaba, que reflejaba nuestra malla curricular de la Licenciatura en Educación Física y Deportes en mi aprendizaje y reflexión, para lo que buscaba como interpretación de construcción y reconstrucción de conocimientos, que me fuesen aportar en el futuro nuevas perspectivas y metas para mi siguiente proceso académico. Encontrando que no sentía la necesidad de conocer, comprender y transformar mi propio desarrollo, entorno social y cultural mediante la producción de “conocimiento científico”. Estos propósitos descritos anteriormente,  generaron en mi, el despojarme de ese velo absurdo y dejar de ser un estudiante de la universidad, a ser un estudioso de la universidad, requiriendo autónomamente de momentos cotidianos, persistentes, pacientes de reflexión-acción de nuestras prácticas habituales.



            INTERCAMBIO DE EXPERIENCIAS EN INVESTIGACIÓN



Bajo tal situación se presenta la oportunidad de estar en el “Semillero de Investigación Hermenéutica Corporal” convirtiendo todos esos propósitos en realidad, procediendo a  un grupo líder, con espíritu investigativo, capaz de prescribir formas de reciprocidad y reconocimiento, accediendo a otros tipos de formación autónoma, teniendo en cuenta la diversidad de pensamiento que se encuentra como talento humano, del equipo  de trabajo mencionado con anterioridad. Intensificando todo lo dicho hasta aquí, me remito a la importancia que tienen los Semilleros de Investigación, ya que son formados en su mayoría por estudiantes (jóvenes), quienes constituimos un nuevo modelo de enseñanza aprendizaje, redefiniendo espacios para ejercer la libertad y la crítica académica, la creatividad y la innovación. Son como diría Luis Carlos Torres Soler “Grupos que adquieren instrumentos para el desarrollo de investigaciones, en un ambiente de tertulia y diálogo donde se aprende a aprender y se descubre nuevo conocimiento y métodos de aprendizaje.”4  Es aquí donde se aproxima lo imprescindible de la educación autónoma, de pensarse la universidad, no que la universidad piense al estudiante, que el conocimiento que se adquiere no sea solo recibido, sino se pueda reflexionar, reconfigurar y transformar en interpretación y mejoramiento de la realidad social, ambiental y cultural, fortaleciendo capacidades como: la toma de decisiones, contextualizar la investigación y ver más allá el desarrollo de la sociedad, ser protagonistas en si del desarrollo de la sociedad. Pero el “Semillero de Investigación Hermenéutica Corporal” no es solo busca de conocimiento, también es unificación, es interpretación de las cosas que están inmersas en nuestro contexto vivencial, es compartir y ver más allá las situaciones que nos pasan en y por la vida. Es entender  nuestras diversidades y concepciones sobre cualquier tema en especial y más si tiene que ver con cuerpo. Si me preguntasen que es para mí “Hermenéutica Corporal”, contestaría de la siguiente manera:


Es generarme dudas,  Interpretar y observar el cuerpo desde la interdisciplinariedad, reconociendo que estamos en constante cambio, donde el cuerpo es objeto de estudio en todo contexto dimensional en el que nos encontremos,  lanzándonos, atreviéndonos a escribir nuestras experiencias corporales, lo que vivimos e identificamos  sobre la cultura de nuestro cuerpo. 


TRABAJO SOCIAL: HOGAR GERIATRICO

Quiero finalizar en forma concreta sobre la importancia que tienen estos 5 años de vida del “Semillero de Investigación Hermenéutica Corporal”, y aunque no fui participe en la totalidad de este tiempo, me siento orgulloso de pertenecer y de vivir efímeros momentos no solo de conocimiento, sino de vivencia con diferentes colegas, maestros de muchas partes del mundo, pero sobre todo de lucha y preocupaciones generacionales, que han hecho hoy en día que el semillero se convierta en un espacio simbólico, que adquiere toda clase de representación, libertad, autonomía, autoconocimiento, construcción y transformación de lo que significa ser estudiante de Licenciatura en Educación Física y Deportes.

CAMINAR (…)
Sergio Echeverry

La experiencia universitaria encierra en sus rincones una multiplicidad de escenarios, de situaciones, de puestas en escena  y de marcas, abiertas a aquellos ojos  que se den la oportunidad  de ver  más allá de las edificaciones, de los contenidos, de las cátedras, de los horarios, de los tiempos libres, de los semestres, de los trabajos, de los parciales y de la vida laboral que se proyecta en el horizonte. Estar en la universidad significa  tener la oportunidad de postergar lo inevitable, ello es la afiliación a esta selvática sociedad de mercado; significa tener la oportunidad de darse un tiempo para sí mismo, para mirarse desde adentro y desde afuera buscando  lo humano e inhumano que llevamos en nuestro  ser, para encontrar en la infinidad las palabras que nos definen , para trazar las rutas de este turbulento viaje llamado existencia; al mismo tiempo significa tener la oportunidad de pensar el mundo, a la vez que,  pensarse en el mundo,  de adquirir compromisos con nosotros mismos y con la sociedad, significa poder vivir  infinidad de experiencias con los otros, reconocer a los otros y reconocerse en  los otros,  asumiendo el difícil compromiso de aceptarlos en los encuentros y aun más en los desencuentros, significa colmarse de sensibilidades individuales y colectivas,  comprendiendo el valor de la voluntad de avanzar en el camino sin importar lo pedregoso e inestable  de este, también significa comprender que los tropiezos nos pueden hacer más humanos si sabemos  mirarlos.

ENCUENTROS

La universidad son esas y muchas cosas más, al terminar y mirar atrás se puede contemplar cuantos kilómetros de camino pasaron por debajo de nuestro pies, cuantas imágenes acariciaron las pupilas de nuestro ser, cuando sonidos se deslizaron por los orificios de nuestra existencia y cuantas texturas fueron recorridas por  nuestra piel; nos miramos en el goce, pero también en la desdicha, todo ello nos transforma, pasar por la universidad y salir siendo el mismo es haberse engañado a sí mismo por varios años, sin embargo sucede. La universidad es una universalidad de posibilidades, pero no basta con haber asistido a todas las sesiones de cátedra, para vivir esas posibilidades, hay que sentirlas,  poner los pies en su interior, es decir saber lo que significa tal privilegio y estar parado allí, ello difícilmente se logra sin un ejercicio de autonomía en relación con la lectura, la  reflexión y la discusión colectiva. 

Ese poner los pies en la universidad no se alcanza con pasividad, no basta con estar sentado en un puesto consumiendo una cátedra,   y mirar la misma obra día tras día durante un par de años, no basta con sumergirse y ahogarse en conocimientos de algún campo de saber; hay que buscar  escenarios alternativos que  permitan florecer, abrirse al mundo, entrar en otros estados.  Esos escenarios son los  colectivos dedicados a la lectura, la discusión y la  reflexión, espacios que nutren la curiosidad, espacios  que no colman de respuestas sino que invitan a formularse las preguntas adecuadas,  espacios que permiten vivir la autonomía de indagar,  actuar sin más reglamentos  que el propio entendimiento, con ello, me refiero a los semilleros de investigación, claro habrá otras formas  de organización colectiva, pero ninguno nutrirá  tanto la curiosidad y la sed de búsqueda como lo hacen los semilleros.

Los semilleros de investigación son lugares de encuentro. Encuentro de ideas, de incertidumbres, de personalidades, de diferencias, de cercanías, de distancias, de afectos; la única frontera es la trazada por la creatividad y la convicción de sus integrantes, a diferencia de otros espacios, está libre de jerarquías, de ordenamientos y  de  lineamientos; ello no quiere decir que  sus integrantes estén exentos de responsabilidades, al contrario, es una más, sin embargo no hay ningún  mecanismo que los obligue a desempeñarse de una manera u otra,  ello es lo hermoso, es un ejercicio de autonomía, de real libertad, es una adquisición voluntaria de compromisos consigo mismo, con sus deseos de  florecer, con sus intenciones, con sus apetitos reflexivos .    
     
 
SALIDA DE INVESTIGACIÓN


Mi historia personal  en  el Semillero de Investigación Hermenéutica Corporal es una historia de altos y bajos, de encuentros y desencuentros, de cercanías y distancias,  es una historia de angustias y armonías, de momentos luminosos y de oscurantismo, pero principalmente es una historia de búsqueda. Al entrar a la universidad  me encontraba con innumerables deseos  y pasiones,  aunque un poco más ingenuo que hoy (ya que nunca se llega a ser tan viejo ni tan sabio como  para dejar de ser ingenuo, siempre llegarán cosas nuevas que nos hacen ocupar el podio de principiantes) sabía que ante mí, se abriría una multiplicidad de posibilidades, una infinidad de experiencias y sensaciones jamás sentidas en mi corta vida, solo que no sabía cuáles, cómo, ni dónde. Cursaba  apenas el primer semestre cuando caí en cuenta de algo, no bastaba  con estar en clase, no bastaba con sentarme y escuchar tras un par de horas las interpretaciones que mis maestros tenían del mundo, no bastaba con oír los silencios colmados de  palabras de algunos compañeros que ni se inmutaban ante el estar allí, necesitaba algo más, necesitaba saber más,  necesitaba dar respuestas a miles de preguntas que me angustiaban  sobre la condición humana, no quería saber lo exacto, lo dado por hecho, lo establecido, no quería aprender a manipular ninguna realidad, quería estar en ella, ser en ella; me intrigaba mi condición de ser, me angustiaba la necesidad de develar que era yo, que era lo humano, por qué las cosas sucedían como sucedían, por qué el mundo se regía sobre unos lineamientos y no sobre otros,  estaba sumergido en un mar de incógnitas (de las  cuales no he salido, pero aprendí a buscar en el lugar indicado) las cuales no podían ser respondidas por mis maestros.

Un día mientras estaba en clase llegaron al salón donde nos encontrábamos tres extraños jóvenes, quienes pidieron la palabra para realizar una invitación a nosotros los “primiparos”, no los había visto antes, sin embargo había algo particular  en su forma de caminar, en su mirada, en su forma de hablar ante los demás. Más tarde conocería sus nombres: Andrés, Diana y Giovanni, en ese momento iban a invitarnos a ser participes de las dinámicas del Semillero de Investigación Hermenéutica Corporal, un grupo dedicado a contemplar al ser humano en su totalidad, desde su potencialidad para atribuir significados desde él mismo, desde las configuraciones que ordena  el  poder para institucionalizar los modos de existencia; les inquietaba la forma en que el hombre se pregunta por el mundo, sus deseos, y su sed de dominar.  El  eje medular de esta contemplación del ser era su realidad inmediata y sensible, es decir el cuerpo, pero ellos no concebían el cuerpo  como  se era –o es- concebido al interior de las clases, es decir un ente biológico, una maquina, un entramado de órganos y sistemas  que operaba sobre el mundo, para ellos el cuerpo (el hombre) era algo más complejo,  una construcción histórica, social y cultural. Al oír sus argumentos supe que mi carrera universitaria estaría marcada por lo que me sucedería en relación con ese semillero.

Al indagar me enteré  de que por norma se podía ingresar a los semilleros una vez cursado el cuarto semestre, sin embargo me di la oportunidad de asistir a una de sus charlas, en ellas discutían la lectura de un libro. Al oír su conversación me dí cuenta de mi pueril situación reflexiva y analítica; luego de ello, no regresé. Aunque lo hice sabiendo que volvería, tenía claro  el camino que vendría, sería el de formularme las preguntas adecuadas  buscando algunas respuestas  por mi cuenta, para luego integrar parte del semillero; no aceptaba  sentirme en esa situación, decidí que la siguiente vez que asistiera al semillero estaría en las condiciones de argumentar y organizar mi forma de interpretar  la realidad. Cuando asistí de nuevo cursaba el cuarto semestre, para entonces otros compañeros también se vincularon, en ese momento  no tenía todas las repuestas para mis preguntas, sin embargo  sabía que a partir de ahí solo la mirada del otro complementaría ese acercamiento  con lo que me inquietaba. En esa segunda oportunidad, tuve la oportunidad de conocer a otros integrantes  que indiscutiblemente contribuyeron de una  u otra  manera en la formación  de una mirada más  profunda. Aquella vez, aunque no me vinculé totalmente, si participé de varias  actividades organizadas en el semillero.


 EXPERIENCIAS


Cuando cursaba sexto semestre ya me sentía parte del semillero, asistía a todas sus reuniones,  participaba de las lecturas y discusiones  que se acordaban en las sesiones, colaboraba en la organización de los eventos y actividades que se desarrollaban. Se fue construyendo en mí  un vínculo que me adhería a aquel grupo alternativo  al currículo,  una sensación que me forzaba a ir semana  tras  semana a sus reuniones, era una emoción extraña, hasta entonces, a pesar de haber participado en otros colectivos a lo largo de mi vida, nunca me había sentido parte de nada, siempre  he sido un  escéptico solitario, sin embargo, tal vez por las marcas que dejaron aquellos encuentros en los rincones más profundos de mi existencia, tal vez fué la voluntad, el compromiso  y  deseo que irradiaba el semillero, lo que hicieron de mi uno más de aquellos jóvenes que se exiliaban  de la cotidianidad y monotonía académica para navegar hacia nuevas fronteras epistemológicas, políticas, poéticas y culturales. A decir verdad me sentía cautivado por la idea de  aprender en grupo, me gustaban las discusiones que se organizaban con mis compañeros del semillero, a quienes respeto como persona, pero sobre todo como científicos del ser. Discutíamos sobre cine, poesía, sobre técnicas de investigación, sobre las configuraciones de poder que se ejercían sobre el ser; sobre la realidad absoluta del hombre como monismo  o como dualismo, buscábamos decodificar  por partes  la infinitud de símbolos construidos por el ser para darle sentido a su deambular en el mundo.        

Es indescriptible  algo me forzaba a darle prioridad al semillero por encima de otros espacios de mi vida; esa sensación me revitalizaba, sentía que era una parte de mí, por alguna razón me exigí hacer parte de la historia de ese grupo, mantenerlo con vida, seguir tejiendo historias y saberes, seguir tejiendo vínculos, seguir explorando la realidad con ojos creativos, insaciables y críticos. Ese deseo de  extender  la  existencia del semillero en  la historia de la universidad sigue en pie, a pesar de que muchos de los integrantes  que protagonizaron mis primeros encuentros en el semillero ya se han graduado como profesionales, sé que al igual que ellos, mi compromiso es permitirle más años de vida a este colectivo, no dejar que se extinga su luz, dejarlo sucumbir sería dejar morir una parte de mí, sería dejar marchitar tantas experiencias, tantos logros, tantas expectativas, voluntades y deseos acumulados en estos 5 años de existencia.     

Para finalizar puedo decir que, participar en el semillero es como caminar bajo la lluvia. Caminar bajo la lluvia sin paraguas,  deambulando con la única intención  de explorar, de darle un festín a los sentidos,  empapando aquel traje seco con migajas de agua, andar  sin fronteras que impidan el encuentro de la piel con millares de caricias que recorren la geografía  de aquella humanidad erizada,  saltar en las charcas y sonreírle al frio. Escuchando, aquellas gotas que le narran sus inmortales hazañas por el mundo a  las pequeñas trazas de humanidad contenidas en aquel  frágil  y efímero cuerpo arrojado en el espacio eterno, avanzar para empaparse más  sin  tener idea del destino,  llegar a ningún lado,  portando las  huellas  del  camino. Para algunos algo sin sentido, algo de chiflados, algo sin ningún beneficio, aquellos  que ante la lluvia se ocultan del frio, aquellos que prefieren enredarse entre  sabanas antes que arrojarse a lo desconocido, aquellos que prefieren las hambrientas  certezas, para evitar los baches del recorrido, a quienes no les gusta  maltratar su vestido, aquellos que señalan  al que salta al vacio, aquellos que sacan su  paraguas en la lluvia y nunca podrán imaginar lo que sintió el atrevido,  el curioso, el empecinado.   

AMIGOS, HERMANOS…


______________________
1 TORRES, Luis Carlos. Los Semilleros de Investigación en Colombia. Revista Memorias. Bogotá. 2005.
2 FOUCAULT, Michel. Conferencia sobre Nietzsche: Metafísica de la Historia.
3 Expresa la dimensión simbólica, existencial, subjetiva y relacional de la persona y le permite poder interaccionar con otros cuerpos, esto es, con otras personas, por Jordi Planella.
Torres, Luis. PARA QUÉ LOS SEMILLEROS DE INVESTIGACIÓN.

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