BOLETÍN CONMEMORATIVO: 5 AÑOS DE VIDA
SEMILLERO DE INVESTIGACIÓN
“(…) por eso, junto a una biología del cuerpo, podemos
hablar de una creación poética del mismo, de un cuerpo escrito, de un cuerpo
capaz de ser interpretado”
Bárcena y Mélich
ENTRADA EDITORIAL
Hablar de semilleros de investigación implica aducir figuras
o agrupaciones de constitución fundamentalmente estudiantil. Colectivos, centro
de discusiones acuciosas entre dos o más estudiantes, que han adquirido un
digno reconocimiento en sus justas exigencias por una formación íntegra y
profesional, que aporten a las problemáticas sociales del país. Su fundación
nace del reclamo por una educación científica y de calidad en el seno de los
debates generados por las nuevas generaciones del conocimiento. Un semillero de
investigación, formado en su mayoría por alumnos (jóvenes) constituye un nuevo
modelo de enseñanza-aprendizaje. Se conciben como un espacio para ejercer la
libertad y la crítica académica, la creatividad y la innovación. Un semillero
no solo genera conocimiento para el mejoramiento de los sistemas, sino que
transfiere y capacita sus integrantes para el desarrollo del pensamiento.1 Jóvenes obreros de la ciencia que bajo el
rigor de sus propias dinámicas, construyen
innovadoras formas de apropiar, pero también de aplicar teorías de todo
tipo sin importar su etiqueta, en un mundo que se presenta cada vez más
inhumano ante la necesidad de propuestas constructivas en donde la
investigación y sus aportes vayan de la mano con la gente.
Nuestro semillero, el Semillero de Investigación
“Hermenéutica Corporal” no difiere en lo absoluto de este concepto, su
propósito basado en el estudio de las nuevas interpretaciones de la realidad,
del cuerpo, del mundo, es tan solo un pequeñísimo aporte al área disciplinar,
pero también al campo de las ciencias humanas. Hablar del cuerpo desde aquellas
–blandas- áreas de lo cotidiano, es también abordar la cientificidad que
propone un cuerpo, no más que un cuerpo, sensible ante una mirada objetivadora.
Nos aventuramos en este camino porque nuestra condición de
jóvenes así lo supone, no obstante hay otros motivantes. Más allá de la mirada
acaparadora de la anatomo-fisiología, compartimos la noción antropológica que
plantea la juventud como una construcción social y cultural relativa en el
tiempo y el espacio (Feixa 1993b, 1998b; Bourdieu 1990), el contexto y la
coyuntura nacional, así como institucional, nos condujo, y también debido a
elementos propios de la crítica universitaria, a fijar la atención en ciertas y
complejas decadencias que venían afectando el curso estudiantil; el desarrollo
académico y personal de aquel sujeto que pasaba por la Universidad, por la
licenciatura en educación física, sin que fuera significativamente perturbado
ni por los agentes de la educación, ni por sí mismo. Sin que formara un
espíritu capaz de reflexionar y transformar paradigmas a través de posturas
críticas y propositivas.
MARCHA ESTUDIANTIL 1 DE MAYO
Iniciamos así, pero no se pretende describir una línea
cronológica sobre nuestra aventura. Consideramos, así como Nietzsche en su
genial obra La Segunda Consideración Intempestiva, la historia como una
discontinuidad. La historia de nuestro semillero esta en los pequeños hechos,
en las pequeñas luchas que es, en última instancia, una multiplicidad de hechos.2 Nuestras vivencias, aquellos escenarios en donde el cuerpo es repensado y
puesto a consideración de la interpretación, aquel eje a través del cual se
replantea el mundo y nos concebimos a sí mismos, son también experiencias en su
más alto valor. Estudios académicos reflejados a partir de proyectos de
investigación, sinnúmero de participaciones en el marco de eventos científicos
del orden nacional e internacional, discusiones argumentadas en torno a
lecturas o textos acordados, reflexiones suscitadas a través de material
audiovisual del Cine-Club “Leib”,3 así
como variadas actividades que ponen al día el cumplimiento de la
responsabilidad social del sujeto hermeneuta con el medio que le rodea, son
algunas de las labores que desarrollamos y hacen parte inexcusable de la
transversalidad funcional de nuestro terruño.
Transcurridos 5 años, nuestro semillero se constituye en el
punto de encuentro entre ideales y realidades. La formación de un espíritu
crítico deriva en la necesidad de implantar semillas dubitativas. No somos
porque estamos, sino somos porque vivimos; dicha condición exhorta por
naturaleza una permanente inquietud, una zozobra que raya en actitudes de vacío
intelectual y, entonces, de búsqueda permanente.
CINE-CLUB “LEIB”
Podríamos ahondar en el mundo del sentimiento, de la
nostalgia, de la felicidad, del orgullo…
A la par de ello, dedicamos estas líneas en honor a lo vivido y a lo que
resta por sentir!
MÁS DE CINCO AÑOS CONSTRUYENDO SUJETO
Camilo Pardo
No entendía bien la razón por la cual me interesaban las
ideas que se compartían y prevalecían en el espacio que se daba para el
semillero, a lo mejor era extrañeza y curiosidad por sobre el interés con que
peregrinamente todos sus asistentes iban de alguna manera a pensarse. No dejaba
de resultarme original que se exaltaran ciertos ideales, ciertos paradigmas y
que comenzaran a perfilarse algunos autores como de obligada recurrencia.
Mientras algunos leían a Marx, al Che, a Galeano o Planella, empezaba a leer el
Zaratustra, ese libro laberíntico del que pasados cinco años aún no he
superado. Y fue a partir de allí, en ese debate de intereses, donde se comenzó
a considerar más seriamente un horizonte epistemológico proclive a mi
naturaleza estética, a veces, presa del placer por leer y en ocasiones enredada
en dudas y tensiones propias a un espíritu convulso. Y empezaba allí el debate,
un argumento desafiaba, otro imponía novedad, y con bastante frecuencia había
una sensación de aporía, pero también una especie de concordato: dedicar
momentos extracurriculares a investigar un poco más aquellos temas que ya
venían instalándose con entusiasmo en el grupo.
Fue así como se establecieron compromisos, consignas,
actitudes, esfuerzos, que interrogaban lo que se venía aprendiendo
curricularmente y que obsesionaban por conocer eso de que se hablaba en los
libros con tanta maravilla. Pero no siempre se iba con mente clara, a veces se
era más amigo de la dificultad, de la sombra, del fracaso. Sin embargo, había una
atractivo insolente, pertinaz, indestructible, una abundante dosis de
curiosidad que obligaba a exiliarse nuevamente en ese espacio alternativo,
inclasificable, excéntrico, inseguro, para avanzar sin saber hacia dónde, ni
hacia qué, sólo, tal vez, para ir a contracorriente. En ese entonces no se
vaticinaba las nuevas facetas que se iban a asumir, ni las nuevas disposiciones
a las que se vería confrontado el semillero. Se fue adquiriendo un carácter y
una sensibilidad especial, capaz de brindar el talento necesario para degustar
actividades intelectuales como una experiencia sui generis. Se pasó
sencillamente de la educación física como mero activismo, a una posibilidad de
movilizar sentidos, significados, signos que garantizaban una expresión más
profunda y enérgica de una región del conocimiento hasta hace poco examinada
únicamente desde el plano de las ciencias positivas. De modo que cada una de
las voces del semillero se fue orientando por cierto horizonte de
interrogación, algunos llegaron a ser más radicales hasta asumir una suerte de
monismo en el que afirmaban su condición humana y completaban el súmmum de sus
preocupaciones; otros, en cambio, seguían siendo escarnecidos por los terribles
laberintos que ocultaba su existencia y no saciaban sus sospechas en
convicciones ni revelaciones sino que aún pesaba (pesa) sobre ellos la carga
del escepticismo. Es difícil explicar esa inclinación, esa tendencia, ese
comenzar de nuevo que se gestó en cada una de las conciencias de los que
participaban de aquellas sesiones.
Pero todo lo allí ocurrido era objeto de análisis
hermenéutico, por ejemplo, el concepto “cuerpo” de quien Fili y Elkin
procuraron desentrañar, o preguntas de orden fenomenológico relativas a cómo es
el hombre o si la educación física era ciencia o disciplina. A lo sumo, era una
colección de dudas, frente a las cuales se intentaba brindar argumentos y no
meras opiniones, asunto del cual difícilmente se escapaba. Y fue justamente
esos atributos de curiosidad, esos simulacros investigativos, los que
permitieron penetrar mucho más en nuestra naturaleza, en nuestro carácter, en
el sí mismo, en el Otro, aunque sin comprender el significado y el rol de
nuestra existencia como personas, semillantes y más aún como futuros
licenciados. Sin embargo, seguían abriéndose textos hacia conceptos que
depositaban diferentes lógicas, planteamientos de tipo estético, científico,
jurídico, filosófico, socio-antropológico, psiquiátrico…, que fundamentaban y
estructuraban ideas conforme a una racionalidad y eventualmente postulaban
hipótesis sobre las temas-excusa que se iban discutiendo en las sesiones. Había
una especie de mancomunidad entre inteligencia e imaginación que dictaba en
buena parte la historia y los planes del semillero y servía de vademécum en la
interpretación del mundo, de la realidad (concepto este tan escurridizo).
Realidad sensible, realidad (in)inteligible, realidad corporal, aceptación o
rechazo de lo que somos como común denominador de las sesiones. Algunos, muy
conversos, se resistían a cambiar la visión preconcebida del mundo, sus
esquemas no admitían cambios demasiado bruscos, demasiado aparatosos, otros,
iban incorporando en sus conciencias el impacto de revoluciones a infraescala,
de esas que suelen ocurrir cuando uno se ve realmente conmocionado,
sugestionado por una idea que aunque le supere lo conmueve. Y ese arribo de
nuevos intereses teóricos y simbólicos guiaban, como se mencionó, el quehacer,
el exilio, la convivencia de los semillantes, la mayoría de las veces a merced
de los sentidos dados a priori o de los que se pudiera darle a la existencia
hecha carne.
MARCHA ESTUDIANTIL EN FAVOR DE LA UNIVERSIDAD PÚBLICA
Esto enriqueció nuestra humana condición y posibilitó la
exploración de problemáticas en el campo de la educación física, impulsando
valores emergentes que ponían en escena una perspectiva, una naturaleza
singular, una cultura corporal. No obstante, también hubo (hay) discordia en el
plano ético frente a creencias de alto raigambre social que supeditan el cuerpo
al alma antes que dar cabida a un pensamiento corporante que asuma dicha
actividad como un acontecimiento vital cargado de una sensibilidad particular,
de una atmósfera trans-subjetiva llena de capital contrahegemónico. Lo
importante de esto es la reorganización que se asumió como colectivo, frente a
la reaprehensión de todo el potencial humano. Se fue gestionando una postura,
una política, un horizonte teórico, un contenido poético y dramático totalmente
otro, más plástico y permeable. Pensamientos tangibles e intangibles que de a
poco iban reconciliando puntos de vista, acercando conceptos, ideologías,
racionalidades e intrincando esos impulsos intelectuales hacia una dimensión si
se quiere espiritual de la realidad. Esas pulsiones despertaban la capacidad
humana de maravillarse frente al mundo o hacia alguna cosa, incluso de
espiritualizar el cuerpo o materializar el alma, asunto en el que el semillero
en ocasiones se tornaba bastante esotérico, incógnito, una Iglesia más. Pero
justamente ello me resulta sublime, pues esos impulsos hacia lo místico, hacia
lo narrativo, lo explorativo, reivindicaba penas y luchas y disponía mi
voluntad hacia nuevas ambiciones, hacia la heterodoxa realidad humana,
privilegiada por no poder encorsetarse, ni reducirse a tal o cual paradigma. En
el fondo, el semillero representó, a mis ojos, una experiencia religiosa,
creativa, alteró consciencias, provocó fenómenos paranormales, exaltó distintas
filosofías de vida, posibles otros sentidos, desafió con algunas respuestas
eternas preguntas, posibilitó elegir y ejercer el camino de la dificultad,
“remedar” la ciencia, consolidar un ambiente de libertad moral y subjetiva.
TRABAJO AMBIENTAL: REFORESTACIÓN
Por ese motivo, más que hablar de un método de estudio para
albergar la incontenible realidad humana, se habla de una armonía laboral que
busca hibridar aspectos racionales con míticos, de modo que no se reste poderío
a la vida, no se la estreche ni compartimente, sino que se exponga, en una
visión compleja el gozo, la plenitud, la experiencia del vivir, con letras
ingeniosas y suficientes como para trazar con mayor fluidez lo que significa
ser humano.
PENSAMIENTO Y REFLEXIÓN, LIBERTAD U OBLIGATORIEDAD: RELACIÓN
ENTRE LA AUTONOMÍA Y LA TRANSFORMACIÓN DEL CONOCIMIENTO
Jefferson Uribe
“Cuerpo, recuerda no solamente cuánto fuiste amado, no
solamente las camas en que te tendiste, sino también aquellos deseos de ti que
brillaban en los ojos claramente, temblaban en la voz —y que algún obstáculo
fortuito hizo vanos. Ahora que todo ya es parte del pasado, casi parece casi
como si a aquellos deseos te hubieses entregado, cómo brillaban, recuerda, en
los ojos que te miraban, cómo temblaban en la voz, por ti, recuerda, cuerpo”.
C. P. Cavafy
(Alejandría, 1863-1933)
Tal vez muchos se preguntaran ¿qué es un semillero de
investigación? Y aunque teóricamente existen muchas investigaciones sobre éste,
algo verídico es poder interpretar y darle su propia concepción. Hoy en día
estar e involucrarse en un semillero de investigación, es convertirse en una
semilla, una semilla que pide a gritos poder nacer o renacer dentro de un
contexto educativo, buscando o reflexionando sobre la necesidad de estimular
una actitud abierta y crítica para conocer, experimentar, investigar y
transformar sus prácticas cotidianas y así lograr resultados satisfactorios
para el desarrollo integral propio y colectivo; incluyendo en éste claro, el
fortalecimiento de nuestros procesos cognitivos, comunicativos, afectivos y
sociales o como le definiría Moliner (1995: 1052):
Etimológicamente, la palabra semillero (de semilla)
significa un sitio donde se siembran y crían plantas para trasplantarlas luego.
Es una colección de semillas. Semilla (del latín arcaico seminia, semi-nium) se
relaciona con el latín semen-inis. Formación que existe en el interior del
fruto de la mayoría de las plantas, que puesta en condiciones adecuadas, es
capaz de germinar y producir otras plantas de la misma especie.
Pensar en la autonomía académica por parte del estudiante
universitario, es algo vago y no bien orientado en nuestra comunidad
universitaria, “la universalidad del conocimiento” como es denominada la
Universidad, no es realmente como se postula, entrañando en el no fomento,
orientación y estimulo por parte de los maestros, hacia sus estudiantes,
principalmente en temas como: la importancia que tiene la investigación para su
futuro académico, preguntarse ¿cuál es el papel que desempeña como estudiante
de su programa, su universidad y la sociedad?
Y aunque se encuentren excepciones, son mediatamente mínimas, ambiguas y
se asemejan a lo que es el reflejo de nuestra Universidad de los Llanos en
Investigación.
Soy un estudiante que actualmente finalicé mi proceso
académico “curricular” y encontraba o analizaba, que reflejaba nuestra malla
curricular de la Licenciatura en Educación Física y Deportes en mi aprendizaje
y reflexión, para lo que buscaba como interpretación de construcción y
reconstrucción de conocimientos, que me fuesen aportar en el futuro nuevas
perspectivas y metas para mi siguiente proceso académico. Encontrando que no
sentía la necesidad de conocer, comprender y transformar mi propio desarrollo,
entorno social y cultural mediante la producción de “conocimiento científico”.
Estos propósitos descritos anteriormente,
generaron en mi, el despojarme de ese velo absurdo y dejar de ser un
estudiante de la universidad, a ser un estudioso de la universidad, requiriendo
autónomamente de momentos cotidianos, persistentes, pacientes de
reflexión-acción de nuestras prácticas habituales.
INTERCAMBIO
DE EXPERIENCIAS EN INVESTIGACIÓN
Bajo tal situación se presenta la
oportunidad de estar en el “Semillero de Investigación Hermenéutica Corporal”
convirtiendo todos esos propósitos en realidad, procediendo a un grupo líder, con espíritu investigativo,
capaz de prescribir formas de reciprocidad y reconocimiento, accediendo a otros
tipos de formación autónoma, teniendo en cuenta la diversidad de pensamiento
que se encuentra como talento humano, del equipo de trabajo mencionado con anterioridad.
Intensificando todo lo dicho hasta aquí, me remito a la importancia que tienen
los Semilleros de Investigación, ya que son formados en su mayoría por
estudiantes (jóvenes), quienes constituimos un nuevo modelo de enseñanza
aprendizaje, redefiniendo espacios para ejercer la libertad y la crítica
académica, la creatividad y la innovación. Son como diría Luis Carlos Torres
Soler “Grupos que adquieren instrumentos para el desarrollo de investigaciones,
en un ambiente de tertulia y diálogo donde se aprende a aprender y se descubre
nuevo conocimiento y métodos de aprendizaje.”4 Es aquí donde se aproxima lo imprescindible de la educación autónoma, de
pensarse la universidad, no que la universidad piense al estudiante, que el
conocimiento que se adquiere no sea solo recibido, sino se pueda reflexionar,
reconfigurar y transformar en interpretación y mejoramiento de la realidad
social, ambiental y cultural, fortaleciendo capacidades como: la toma de
decisiones, contextualizar la investigación y ver más allá el desarrollo de la
sociedad, ser protagonistas en si del desarrollo de la sociedad. Pero el
“Semillero de Investigación Hermenéutica Corporal” no es solo busca de
conocimiento, también es unificación, es interpretación de las cosas que están
inmersas en nuestro contexto vivencial, es compartir y ver más allá las
situaciones que nos pasan en y por la vida. Es entender nuestras diversidades y concepciones sobre
cualquier tema en especial y más si tiene que ver con cuerpo. Si me preguntasen
que es para mí “Hermenéutica Corporal”, contestaría de la siguiente manera:
Es generarme dudas, Interpretar y observar el cuerpo desde la
interdisciplinariedad, reconociendo que estamos en constante cambio, donde el
cuerpo es objeto de estudio en todo contexto dimensional en el que nos
encontremos, lanzándonos, atreviéndonos
a escribir nuestras experiencias corporales, lo que vivimos e identificamos sobre la cultura de nuestro cuerpo.
TRABAJO SOCIAL: HOGAR GERIATRICO
Quiero finalizar en forma concreta
sobre la importancia que tienen estos 5 años de vida del “Semillero de
Investigación Hermenéutica Corporal”, y aunque no fui participe en la totalidad
de este tiempo, me siento orgulloso de pertenecer y de vivir efímeros momentos
no solo de conocimiento, sino de vivencia con diferentes colegas, maestros de
muchas partes del mundo, pero sobre todo de lucha y preocupaciones
generacionales, que han hecho hoy en día que el semillero se convierta en un
espacio simbólico, que adquiere toda clase de representación, libertad,
autonomía, autoconocimiento, construcción y transformación de lo que significa
ser estudiante de Licenciatura en Educación Física y Deportes.
CAMINAR (…)
Sergio Echeverry
La experiencia universitaria
encierra en sus rincones una multiplicidad de escenarios, de situaciones, de
puestas en escena y de marcas, abiertas
a aquellos ojos que se den la
oportunidad de ver más allá de las edificaciones, de los
contenidos, de las cátedras, de los horarios, de los tiempos libres, de los
semestres, de los trabajos, de los parciales y de la vida laboral que se
proyecta en el horizonte. Estar en la universidad significa tener la oportunidad de postergar lo
inevitable, ello es la afiliación a esta selvática sociedad de mercado;
significa tener la oportunidad de darse un tiempo para sí mismo, para mirarse
desde adentro y desde afuera buscando lo
humano e inhumano que llevamos en nuestro
ser, para encontrar en la infinidad las palabras que nos definen , para
trazar las rutas de este turbulento viaje llamado existencia; al mismo tiempo
significa tener la oportunidad de pensar el mundo, a la vez que, pensarse en el mundo, de adquirir compromisos con nosotros mismos y
con la sociedad, significa poder vivir
infinidad de experiencias con los otros, reconocer a los otros y
reconocerse en los otros, asumiendo el difícil compromiso de aceptarlos
en los encuentros y aun más en los desencuentros, significa colmarse de
sensibilidades individuales y colectivas,
comprendiendo el valor de la voluntad de avanzar en el camino sin
importar lo pedregoso e inestable de
este, también significa comprender que los tropiezos nos pueden hacer más
humanos si sabemos mirarlos.
ENCUENTROS
La universidad son esas y muchas
cosas más, al terminar y mirar atrás se puede contemplar cuantos kilómetros de
camino pasaron por debajo de nuestro pies, cuantas imágenes acariciaron las
pupilas de nuestro ser, cuando sonidos se deslizaron por los orificios de
nuestra existencia y cuantas texturas fueron recorridas por nuestra piel; nos miramos en el goce, pero
también en la desdicha, todo ello nos transforma, pasar por la universidad y
salir siendo el mismo es haberse engañado a sí mismo por varios años, sin
embargo sucede. La universidad es una universalidad de posibilidades, pero no
basta con haber asistido a todas las sesiones de cátedra, para vivir esas
posibilidades, hay que sentirlas, poner
los pies en su interior, es decir saber lo que significa tal privilegio y estar
parado allí, ello difícilmente se logra sin un ejercicio de autonomía en
relación con la lectura, la reflexión y
la discusión colectiva.
Ese poner los pies en la
universidad no se alcanza con pasividad, no basta con estar sentado en un
puesto consumiendo una cátedra, y mirar
la misma obra día tras día durante un par de años, no basta con sumergirse y
ahogarse en conocimientos de algún campo de saber; hay que buscar escenarios alternativos que permitan florecer, abrirse al mundo, entrar
en otros estados. Esos escenarios son
los colectivos dedicados a la lectura,
la discusión y la reflexión, espacios
que nutren la curiosidad, espacios que
no colman de respuestas sino que invitan a formularse las preguntas
adecuadas, espacios que permiten vivir
la autonomía de indagar, actuar sin más
reglamentos que el propio entendimiento,
con ello, me refiero a los semilleros de investigación, claro habrá otras
formas de organización colectiva, pero
ninguno nutrirá tanto la curiosidad y la
sed de búsqueda como lo hacen los semilleros.
Los semilleros de investigación son
lugares de encuentro. Encuentro de ideas, de incertidumbres, de personalidades,
de diferencias, de cercanías, de distancias, de afectos; la única frontera es
la trazada por la creatividad y la convicción de sus integrantes, a diferencia
de otros espacios, está libre de jerarquías, de ordenamientos y de
lineamientos; ello no quiere decir que
sus integrantes estén exentos de responsabilidades, al contrario, es una
más, sin embargo no hay ningún mecanismo
que los obligue a desempeñarse de una manera u otra, ello es lo hermoso, es un ejercicio de
autonomía, de real libertad, es una adquisición voluntaria de compromisos
consigo mismo, con sus deseos de
florecer, con sus intenciones, con sus apetitos reflexivos .
SALIDA DE INVESTIGACIÓN
Mi historia personal en el
Semillero de Investigación Hermenéutica Corporal es una historia de altos y
bajos, de encuentros y desencuentros, de cercanías y distancias, es una historia de angustias y armonías, de
momentos luminosos y de oscurantismo, pero principalmente es una historia de
búsqueda. Al entrar a la universidad me
encontraba con innumerables deseos y
pasiones, aunque un poco más ingenuo que
hoy (ya que nunca se llega a ser tan viejo ni tan sabio como para dejar de ser ingenuo, siempre llegarán
cosas nuevas que nos hacen ocupar el podio de principiantes) sabía que ante mí,
se abriría una multiplicidad de posibilidades, una infinidad de experiencias y
sensaciones jamás sentidas en mi corta vida, solo que no sabía cuáles, cómo, ni
dónde. Cursaba apenas el primer semestre
cuando caí en cuenta de algo, no bastaba
con estar en clase, no bastaba con sentarme y escuchar tras un par de
horas las interpretaciones que mis maestros tenían del mundo, no bastaba con
oír los silencios colmados de palabras
de algunos compañeros que ni se inmutaban ante el estar allí, necesitaba algo
más, necesitaba saber más, necesitaba
dar respuestas a miles de preguntas que me angustiaban sobre la condición humana, no quería saber lo
exacto, lo dado por hecho, lo establecido, no quería aprender a manipular
ninguna realidad, quería estar en ella, ser en ella; me intrigaba mi condición
de ser, me angustiaba la necesidad de develar que era yo, que era lo humano,
por qué las cosas sucedían como sucedían, por qué el mundo se regía sobre unos
lineamientos y no sobre otros, estaba
sumergido en un mar de incógnitas (de las
cuales no he salido, pero aprendí a buscar en el lugar indicado) las
cuales no podían ser respondidas por mis maestros.
Un día mientras estaba en clase
llegaron al salón donde nos encontrábamos tres extraños jóvenes, quienes
pidieron la palabra para realizar una invitación a nosotros los “primiparos”,
no los había visto antes, sin embargo había algo particular en su forma de caminar, en su mirada, en su
forma de hablar ante los demás. Más tarde conocería sus nombres: Andrés, Diana
y Giovanni, en ese momento iban a invitarnos a ser participes de las dinámicas
del Semillero de Investigación Hermenéutica Corporal, un grupo dedicado a
contemplar al ser humano en su totalidad, desde su potencialidad para atribuir
significados desde él mismo, desde las configuraciones que ordena el
poder para institucionalizar los modos de existencia; les inquietaba la
forma en que el hombre se pregunta por el mundo, sus deseos, y su sed de
dominar. El eje medular de esta contemplación del ser era
su realidad inmediata y sensible, es decir el cuerpo, pero ellos no concebían
el cuerpo como se era –o es- concebido al interior de las
clases, es decir un ente biológico, una maquina, un entramado de órganos y
sistemas que operaba sobre el mundo,
para ellos el cuerpo (el hombre) era algo más complejo, una construcción histórica, social y
cultural. Al oír sus argumentos supe que mi carrera universitaria estaría
marcada por lo que me sucedería en relación con ese semillero.
Al indagar me enteré de que por norma se podía ingresar a los
semilleros una vez cursado el cuarto semestre, sin embargo me di la oportunidad
de asistir a una de sus charlas, en ellas discutían la lectura de un libro. Al
oír su conversación me dí cuenta de mi pueril situación reflexiva y analítica;
luego de ello, no regresé. Aunque lo hice sabiendo que volvería, tenía
claro el camino que vendría, sería el de
formularme las preguntas adecuadas
buscando algunas respuestas por
mi cuenta, para luego integrar parte del semillero; no aceptaba sentirme en esa situación, decidí que la
siguiente vez que asistiera al semillero estaría en las condiciones de
argumentar y organizar mi forma de interpretar
la realidad. Cuando asistí de nuevo cursaba el cuarto semestre, para
entonces otros compañeros también se vincularon, en ese momento no tenía todas las repuestas para mis
preguntas, sin embargo sabía que a
partir de ahí solo la mirada del otro complementaría ese acercamiento con lo que me inquietaba. En esa segunda
oportunidad, tuve la oportunidad de conocer a otros integrantes que indiscutiblemente contribuyeron de
una u otra manera en la formación de una mirada más profunda. Aquella vez, aunque no me vinculé
totalmente, si participé de varias
actividades organizadas en el semillero.
EXPERIENCIAS
Cuando cursaba sexto semestre ya me
sentía parte del semillero, asistía a todas sus reuniones, participaba de las lecturas y discusiones que se acordaban en las sesiones, colaboraba
en la organización de los eventos y actividades que se desarrollaban. Se fue
construyendo en mí un vínculo que me
adhería a aquel grupo alternativo al
currículo, una sensación que me forzaba
a ir semana tras semana a sus reuniones, era una emoción
extraña, hasta entonces, a pesar de haber participado en otros colectivos a lo
largo de mi vida, nunca me había sentido parte de nada, siempre he sido un
escéptico solitario, sin embargo, tal vez por las marcas que dejaron
aquellos encuentros en los rincones más profundos de mi existencia, tal vez fué
la voluntad, el compromiso y deseo que irradiaba el semillero, lo que
hicieron de mi uno más de aquellos jóvenes que se exiliaban de la cotidianidad y monotonía académica para
navegar hacia nuevas fronteras epistemológicas, políticas, poéticas y
culturales. A decir verdad me sentía cautivado por la idea de aprender en grupo, me gustaban las
discusiones que se organizaban con mis compañeros del semillero, a quienes
respeto como persona, pero sobre todo como científicos del ser. Discutíamos
sobre cine, poesía, sobre técnicas de investigación, sobre las configuraciones
de poder que se ejercían sobre el ser; sobre la realidad absoluta del hombre
como monismo o como dualismo, buscábamos
decodificar por partes la infinitud de símbolos construidos por el
ser para darle sentido a su deambular en el mundo.
Es indescriptible algo me forzaba a darle prioridad al
semillero por encima de otros espacios de mi vida; esa sensación me
revitalizaba, sentía que era una parte de mí, por alguna razón me exigí hacer
parte de la historia de ese grupo, mantenerlo con vida, seguir tejiendo
historias y saberes, seguir tejiendo vínculos, seguir explorando la realidad
con ojos creativos, insaciables y críticos. Ese deseo de extender
la existencia del semillero
en la historia de la universidad sigue
en pie, a pesar de que muchos de los integrantes que protagonizaron mis primeros encuentros en
el semillero ya se han graduado como profesionales, sé que al igual que ellos,
mi compromiso es permitirle más años de vida a este colectivo, no dejar que se
extinga su luz, dejarlo sucumbir sería dejar morir una parte de mí, sería dejar
marchitar tantas experiencias, tantos logros, tantas expectativas, voluntades y
deseos acumulados en estos 5 años de existencia.
Para finalizar puedo decir que,
participar en el semillero es como caminar bajo la lluvia. Caminar bajo la
lluvia sin paraguas, deambulando con la
única intención de explorar, de darle un
festín a los sentidos, empapando aquel
traje seco con migajas de agua, andar
sin fronteras que impidan el encuentro de la piel con millares de
caricias que recorren la geografía de
aquella humanidad erizada, saltar en las
charcas y sonreírle al frio. Escuchando, aquellas gotas que le narran sus
inmortales hazañas por el mundo a las
pequeñas trazas de humanidad contenidas en aquel frágil
y efímero cuerpo arrojado en el espacio eterno, avanzar para empaparse
más sin
tener idea del destino, llegar a
ningún lado, portando las huellas
del camino. Para algunos algo sin
sentido, algo de chiflados, algo sin ningún beneficio, aquellos que ante la lluvia se ocultan del frio,
aquellos que prefieren enredarse entre
sabanas antes que arrojarse a lo desconocido, aquellos que prefieren las
hambrientas certezas, para evitar los
baches del recorrido, a quienes no les gusta
maltratar su vestido, aquellos que señalan al que salta al vacio, aquellos que sacan
su paraguas en la lluvia y nunca podrán
imaginar lo que sintió el atrevido, el
curioso, el empecinado.
AMIGOS, HERMANOS…
______________________
1 TORRES, Luis
Carlos. Los Semilleros de Investigación en Colombia. Revista Memorias. Bogotá.
2005.
2 FOUCAULT,
Michel. Conferencia sobre Nietzsche: Metafísica de la Historia.
3 Expresa la dimensión simbólica, existencial,
subjetiva y relacional de la persona y le permite poder interaccionar con otros
cuerpos, esto es, con otras personas, por Jordi Planella.
4 Torres, Luis.
PARA QUÉ LOS SEMILLEROS DE INVESTIGACIÓN.












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