viernes, 17 de agosto de 2012

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Apreciaciones alrededor de:
Del cuerpo-escritura
Mónica B. Cragnolini.

Por: Elkin González.

De entrada, una interrogante que consiente mi desenfrenado impulso verborreico  y permite mas bien comprender la esencia misma del texto en referencia, no puede ser otra, sino aquella que plantea de forma clara como desde niños veníamos haciendo lo que hacíamos sin previsión alguna; algo apenas lógico, pero que despierta y, en mi caso particular,  genera impresión luego de una pausa considerablemente espaciosa de lectura medianamente hecha. Bien, esta se refiere a: ¿No será que en lugar de ser sujetos que "nos expresamos" en la escritura, es la experiencia misma de la escritura la que nos constituye?  Es decir, devenimos en la medida de nuestra escritura. Y es de pensarse, claro; solo que esta – la escritura- se limita de acuerdo a ciertos preceptos que en ciertos casos, creo,  son de origen religioso (lo que se puede o no escribir, siempre y cuando no afecte la fiel devoción), pero, de otro lado, y en la mayoría de las veces, como bien aduce Cragnolini refiriéndose a Platón, puede ser peligrosa en la medida de cuestionar y distorsionar el poder mismo del padre-lógos.

Es propio del cuerpo como unidad absoluta, el advenimiento de múltiples y miles de experiencias que hacen de sí un contingente enteramente inestable, y del mismo modo, un cuerpo desinhibido, pero siempre condenado a la cultura y al yugo de los cánones que irrumpen en la forma diaria de coexistencia. De una forma más clara, “(…) cuando el espíritu libre se plantea la necesidad de abandonar "la casa", el abandono supone la ruptura con todos los deberes y grandes valores, pero también, dice Nietzsche, una "desintoxicación", un proceso por el cual el cuerpo se desprende de todo aquello que, en definitiva, lo negaba como tal. Esta es una victoria, pero en términos de "Las tres transformaciones" del Zaratustra es una "victoria leonina" que permite vivir en el peligro.

Análogamente, el escribir permite una plena emancipación en tanto deponemos y desalojamos nuestras mas intimas letras, constituidas y amoldadas a partir de una cosmovisión y una concepción nada mas que personal, no obstante y de modo contrario, nos alejamos de lo que escribimos, puesto que "Yo soy una cosa, y otra cosa son mis escritos" no hace más que mostrar esto: yo soy algo que es a la vez mi obra, en tanto mi cuerpo es quien escribe cuando escribo, pero la escritura es, al mismo tiempo, lo otro de mí, en tanto en mi propia escritura están presentes las voces de los otros que constituyen mi Selbst (Sí mismo) en el cruce de las fuerzas, y en tanto la escritura asume su propio cuerpo y se aleja de su -supuesta-  fuente de sentido, el autor. El propio cuerpo se ausenta de la escritura en la medida en que está presente en la misma escribiendo-se: porque al escribirse, escribe también con los otros que lo conforman.

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