Apreciaciones alrededor de:
Del cuerpo-escritura
Mónica B. Cragnolini.
Por: Elkin González.
Por: Elkin González.
De entrada, una interrogante que consiente mi desenfrenado impulso
verborreico y permite mas bien
comprender la esencia misma del texto en referencia, no puede ser otra, sino aquella
que plantea de forma clara como desde niños veníamos haciendo lo que hacíamos sin
previsión alguna; algo apenas lógico, pero que despierta y, en mi caso
particular, genera impresión luego de
una pausa considerablemente espaciosa de lectura medianamente hecha. Bien, esta
se refiere a: ¿No será que en lugar de ser sujetos que "nos
expresamos" en la escritura, es la experiencia misma de la escritura la
que nos constituye? Es decir, devenimos en la medida de nuestra
escritura. Y es de pensarse, claro; solo que esta – la escritura- se limita de
acuerdo a ciertos preceptos que en ciertos casos, creo, son de origen religioso (lo que se puede o no
escribir, siempre y cuando no afecte la fiel devoción), pero, de otro lado, y
en la mayoría de las veces, como bien aduce Cragnolini
refiriéndose a Platón, puede ser
peligrosa en la medida de cuestionar y distorsionar el poder mismo del
padre-lógos.
Es propio del cuerpo
como unidad absoluta, el advenimiento de múltiples y miles de experiencias que
hacen de sí un contingente enteramente inestable, y del mismo modo, un cuerpo
desinhibido, pero siempre condenado a la cultura y al yugo de los cánones que
irrumpen en la forma diaria de coexistencia. De una forma más clara, “(…) cuando el espíritu libre se plantea la
necesidad de abandonar "la casa", el abandono supone la ruptura con
todos los deberes y grandes valores, pero también, dice Nietzsche, una
"desintoxicación", un proceso por el cual el cuerpo se desprende de
todo aquello que, en definitiva, lo negaba como tal. Esta es una victoria, pero
en términos de "Las tres transformaciones" del Zaratustra es una
"victoria leonina" que permite vivir en el peligro.”
Análogamente, el
escribir permite una plena emancipación en tanto deponemos y desalojamos
nuestras mas intimas letras, constituidas y amoldadas a partir de una
cosmovisión y una concepción nada mas que personal, no obstante y de modo
contrario, nos alejamos de lo que escribimos, puesto que "Yo soy una cosa, y otra cosa son mis escritos" no hace más
que mostrar esto: yo soy algo que es a la vez mi obra, en tanto mi cuerpo es
quien escribe cuando escribo, pero la escritura es, al mismo tiempo, lo otro de
mí, en tanto en mi propia escritura están presentes las voces de los otros que
constituyen mi Selbst (Sí mismo) en el cruce de las fuerzas, y en tanto la
escritura asume su propio cuerpo y se aleja de su -supuesta- fuente de sentido, el autor. El propio cuerpo
se ausenta de la escritura en la medida en que está presente en la misma escribiendo-se:
porque al escribirse, escribe también con los otros que lo conforman.
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