domingo, 26 de agosto de 2012

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Sobre la lectura, pugna de fuerzas internas.

Andrés Díaz.


      Texto de Estanislao Zuleta que marco mi entrada a la Universidad, y que está marcando mi salida de la misma, aunque de lo universidad no se sale, solo se entra. El texto en la entrada y en la salida fue sugerido por grandes profesores.

      Leer es un trabajo, expresa Estanislao, haciendo algunas acotaciones sobre Platón y Nietzsche, antes aludiendo al sentido del código que contiene cada texto, pues el trabajo sobre la lectura “…consiste entonces en determinar el valor que el texto asigna a cada uno de sus términos, valor que puede estar en contradicción abierta con el que posee un mismo término en otros textos”1 , es así, como nos enfrentamos a estas aventuras. A esas aventuras me he enfrentado muchas veces y más con Nietzsche que es un crítico de la cultura occidental, un revolucionario, un filósofo intempestivo, el maestro de la sospecha, que causo en mí lo que Zuleta en Sobre la lectura dice que Nietzsche reclamaba:


Un lector que no sea solamente cuidadoso, “rumiante”, capaz de interpretar, sino también capaz de permitir que el texto lo afecte en su ser mismo, le hable de aquello que pugna por hacerse reconocer aún en riesgo de transformarlo; un lector que si bien teme morir y nacer en la lectura, se deja encantar por el gusto de esa aventura y de ese peligro.2 



      Pero ese “permitir que el texto lo afecte en su ser mismo” tiene que empatar con la capacidad crítica y de producción del mismo, con la aprobación o reproche y con el uso que le doy a eso que me afecto. Mantenerse en un síntoma de sospecha es la clave.

      Cuando se hace lector, la lectura aparece por necesidad, para tratar de resolverse problemas, se lee a partir de una pregunta, para darle solución a los problemas, en este caso son existenciales (por esto lo ideológico lo dejo a un lado), producto de la rareza humana, “es el problema mismo el que lee, aquel precisamente del que queríamos descansar un poco con la lectura, pero que sin embargo seguía trabajando oscuramente como un topo”3, cuando el problema descansa con la lectura, se acrecienta con el pensamiento, con el abandono de la lectura, con las reflexiones en hora de insomnio que son producto de la resolución de los problemas –gracias a la lectura– que también contienen respuestas que originan inconformidad, desasosiego propio de las fuerzas internas que gobiernan nuestro cuerpo, que mandan en mí.

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1  Zuleta, E. (2009) Sobre la lectura. Fotocopieta. P.4. Recuperado el 9 de enero de 2012. Disponible en: http://www.lugaradudas.org/publicaciones/fotocopioteca/12_juana_anzellini.pdf
2 Ibíd. P.6.
3 Ibíd. P. 6.


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