viernes, 17 de agosto de 2012

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El cuerpo puesto desde la escritura.

Apuntes, Andrés Díaz.
Del cuerpo-escritura. Nietzsche, su "yo" y sus escritos.
Mónica B. Cragnolini.
III Simposio Assim Falou Nietzsche: Para uma filosofía do futuro.
Rio do Janeiro, 22-25 agosto de 2000
Fuente: http://www.nietzscheana.com.ar/comentarios/cuerpo-escritura.htm

      Es necesario para lanzarse a la escritura pasar por experiencias vitales[1] contar de manera escrita lo vivido, materializar los sucesos en la hoja. Pero, el escribir en la hoja las experiencias vitales, se convierte también en una experiencia. El pasar por experiencias vitales significa vivir el cuerpo, ser cuerpo y representar en la escritura lo que sucedió y sucede en el cuerpo, haciendo de la escritura la vivencia del cuerpo pues es él el que escribe.

      Las palabras escriben sobre el cuerpo, las instituciones que constituyen el orden occidental asientan sus palabras sobre el cuerpo, moldeándolo y formando el sujeto que representara la homogeneidad identitaria. Este sería el cuerpo dócil, este cuerpo que desde el pensamiento de Foucault, es un cuerpo intervenido, moldeable y transformado. La docilización del cuerpo coarta la realización plena del sujeto, sometiéndose a ideales que por naturaleza no le pertenecen.

      La escritura funciona, se opone a la fragilidad de la memoria, mantiene solida la idea aunque esta se oponga al logos, en el sentido de la pérdida del valor de lo hablado, pues se toma distancia con el origen de la palabra.

      El cuerpo de occidente, es un cuerpo enfermo, el cual debe pasar por un estado de convalecencia, este proporciona los argumentos para alcanzar la salud plena. En el estado de convalecencia el cuerpo que escribe da cuenta de la homogeneidad de pensamiento que identifica al rebaño, en este periodo el cuerpo se enfrenta a un conflicto que lo empuja al vómito, expulsando la tradición de pensamiento. Se presenta un cuerpo huraño, desinteresado por los valores que constituyen la convergencia humana. Este cuerpo rompe con la tradición y crea múltiples maneras de vivir el cuerpo, dejando a un lado las instituciones que han gobernado los impulsos corporales. Es así que recordar que una vez se creyó en aquellas instituciones causa risa, la enfermedad de occidente se reproduce, perdura.

      El cuerpo escribe, y en esa confluencia de fuerzas que representa la multiplicidad del cuerpo, el mismo escribe a partir de lo que los otros cuerpos le proporcionan, experiencia. El cuerpo con buena salud, escribe lo que somos y no podemos ser, pues existen espacios de diferencia entre lo que escribimos y somos, el margen de diferencia se instala en lo que se ha venido repitiendo la multiplicidad de fuerzas que concurren entre sí y dan como resultado lo escrito.


[1]  Quiere decir –entre otras cosas– que hay momentos en que las situaciones marcan  más el cuerpo, en donde el cuerpo a través en su multiplicidad demarcada por los sentidos percibió de manera más viva una experiencia.

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